Veronica Bond

VERONICA BOND®

VERONICA BOND

BOND SE HACE CARGO DEL CASO


Veronica Bond, un nuevo y joven diseñador hace lo que sea para llamar la atención. Para poder progresar en el mundo de la moda es necesario talento – pero sólo en parte. Ciertamente, ningún diseñador de moda de éxito alcanzaría sin talento lo que ha conseguido ahora. Pero los diseñadores ambiciosos lo saben de antemano: la fórmula para la gloria en la moda es, a partes iguales, trabajo duro, suerte y – perdónenme la expresión: pelotas. En este negocio estresante, una nueva y joven diseñadora, Veronica Bond, aporta definitivamente todo eso. Quién es Veronica Bond, se preguntarán Vds. Pero no será desconocida durante mucho tiempo, ya que Veronica Bond tiene todo: decisión, valor, buen humor, genialidad, corazón e ímpetu. Después de que hace sólo cinco meses que se mudara de Friburgo a Nueva York, se fue directamente a los medios, envió por fax un comunicado de prensa sobre su primera colección, entre otros, a nosotros, el New York Post. “Llena de impaciencia presento mi primera colección”, se podía leer en el comunicado. Bond, con sus 28 años, no se puede permitir ningún showroom ni honorarios de modelos, por ello, ella y su mejor amigo y socio comercial, Coren Mecke, tienen que buscar nuevos talentos en los restaurantes de Manhattan. Contrataron a 10 “modelos” para la colección Bond, entre ellos también Laura Owens, que trabaja de enfermera en el Lenox Hill Hospital y a quien Veronica conoció comprando zapatos en Sterns. (Bond también es alta y delgada, con el pelo largo rubio y ojos azules, y también trabajó de modelo en Múnich). Después y haciendo como el profeta con la montaña, alquilaron un autobús para visitas turísticas a la ciudad y llevaron su exposición a la calle. “Decidí que si la gente no viene a verme a mí, iría yo a ver a la gente”, dice Veronica Bond. La idea de presentar la moda con “auténticas” mujeres en restaurantes famosos surgió cuando estaba comiendo en el “Indochine” y Oliver Stone estaba sentado detrás de mí. A finales del mes pasado, el guapo grupo hizo frente al frío helador e hizo parada en el Lemon, Park Avalon, Patria, Au Bar, The Mayfair, The Plaza, The Royalton, Le Max, Republic, Odeon, Bowery Bar y (ciertamente) en el Indochine. Aquí presentaron un desfile de moda moviéndose entre camareros y distribuyeron las tarjetas de visita de Veronica. La inesperada presentación sorprendió al público. Entre los pocos comentarios negativos, las modelos que se deslizaban entre las mesas, oyeron comentarios como “debe celebrarse un congreso de anoréxicos”. -/. En la mayoría de los casos hubo aprobación, como los susurros que provocaron un traje de noche negro con tirantes finísimos y escotado hasta las caderas. A veces, las modelos tuvieron que “discutir” con algún que otro propietario de restaurante enfadado, que reaccionó bastante disgustado a la imprevista avalancha de comensales maravillosamente bien vestidos. (El concepto de Bond fue, en primer lugar, una especie de asalto, no haciendo ninguna reserva). Pero esta impetuosa provocación de atención tuvo su recompensa. La mayoría de las mujeres quedó fascinada de los vestidos inusuales y su presentación, y preguntaron por la tarjeta de Bond. A los clientes masculinos se les escapaba una sonrisa cuando miraban al grupo. -/. “Después de trabajar 3 meses para Karl Lagerfeld en París”, dice Veronica Bond, “quise ir a Nueva York y dedicarme a mis propios asuntos.” Bond, que realiza sus diseños y trabajos de costura en su piso en el Soho, dice que su marca es la “cuchara de plata”, una cuchara plateada del mercado de pulgas, cuyo mango se ha convertido en una joya y estampado con sus iniciales “VB”. Todos sus modelos llevaron una cuchara VB la noche del 21 de marzo, fiel a la teoría de que si no naciste con una cuchara de plata en la boca, te la tienes que colocar tu misma. Y con referencia al talento, esto es lo que ha hecho Bond, de origen alemán. Su diseño combina la sastrería clásica con un nuevo lenguaje de formas cuidado y la confección de alta calidad que se corresponde con los trabajos de su anterior jefe. El vestido “Guggenheim” de Bond, una columna larga de satén de alabastro que parece como si las terrazas diesen vueltas alrededor de ella, es simplemente un sueño. Al igual que su traje pantalón oscuro de lana con pantalones que resaltan la figura, el cual transporta suavemente del día a la noche. “Yo hago moda para mujeres que resaltan la individualidad”, dice ella. El resto es, como se suele decir, historia de la moda.




Veronica Bond

Bond girl


Una carrera relámpago. Hace 18 meses, Veronika Bond llegó equipada con su máquina de coser de París a Nueva York. Ahora, la alemana nacida en América tiene su propia tienda en el Soho, donde vende ropa Pret à Porter y Alta Costura (la cual es inspirada por su prácticas en la Ópera de Múnich y su trabajo con Karl Lagerfeld). Trajes de noche de seda con grandes escotes y guirnaldas con plumas, y trajes pantalón con raya diplomática de seda cuestan a partir de 800 $ (hechos a medida) o 500 $ de confección. Nada mal para un nuevo neoyorquino. TIME OUT NEW YORK Eva Claxton



Veronica Bond

THE NEW YORK WORLD


Miren estas maniquíes. Estas siete mujeres acompañaron a la diseñadora de moda Veronica Bond la noche pasada en sus desfiles de moda sorpresa. De izquierda a derecha Edit Franeo, Adrienne Belk, Steffanie Cash, Laura Owens, Karen Gaviria, Esther Canata, Barbie Yamagata.



VERONICA BOND

THE BOND GIRLS


Un minibús blanco lleno de modelos se mueve por la 5ª Avenida. La diseñadora de moda Veronica Bond está sentada en el asiento del acompañante. El encargo para esta noche: desfiles de moda sorpresa en Le Cirque, 44, Odeon Bowery Bar y The Oak Room. Y esto, mientras Gianni Versace y Donna Karan se están preparando para su encuentro con la prensa bajo la luz de los focos de la Fashion Week. La señora Bond lleva su mercancía directamente a la gente. “Estaba tan impaciente de que la gente viera por fin mi trabajo”, dice Veronica Bond, una diseñadora de moda de 28 años que abrió hace 4 semanas su showroom en Bleecker Street. “No quiero esperar años para que me vean, por eso llevo las cosas a la gente”. No podía esperar que el negocio de la moda uniera sus vestidos con las modelos apropiadas, por ello tiene sus propias modelos. Las mujeres en el minibús no son modelos profesionales, sino mujeres con profesiones normales y deseos que poco tienen que ver con las carpas en Bryant Park. “Entre Canal Street y la 8ª se encuentran las mejores chicas,” dice Veronica Bond. “Les pregunté: disculpen, ¿quieren participar Vds. en mi desfile de modelos? La mayoría dijo que sí. En Le Cirque no hay resistencia contra las Bond Girls. Los clientes agitan de buena intención sus brillantes mientras que las 10 modelos se deslizan por la sala. A Sirio Maccioni, el gastrónomo imperturbable, la visita no anunciada pareció no importarle nada. Besó la mano de la señorita Bond, después le dio una edición usada del Wine Spectator que contiene una foto de sus 3 hijos. Veronica Bond contestó: “¿Están casados?” De vuelta al minibús. Una de las modelos, Edit Francon, con un aspecto parecido al de Julia Roberts, dice que tiene previsto trabajar para el magnate de los aparcamientos, Abe Hirschfeld y su periódico “Open Air PM”. “Está loco”, dice Edit Franco sobre Hirschfeld, “pero es un genio y me gusta su forma de pensar.” Se continua hacia el Plaza: en la entrada del Oak Room, Fred Christina comienza a complicarles la vida a las Bond Girls y las invita a ponerse delante del portero con cuello de toro, James Vicole. Pero pronto decide el gastrónomo de que no existe ningún motivo razonable para una confrontación y permite el acceso a las modelos. Se disculpa con Veronica Bond con las palabras: ¿Ha visto mi placa en la pared? Tengo una placa conmemorativa en la pared. Llevo 57 años aquí. Donald e Ivana Trump me la concedieron por los 50 años. Echa una mirada furtiva a las modelos cuando se van y dice “ya me gustaría ir con ellas”. John J. Donohue The New Yorker Observer



VERONICA BOND

A Bond Affair


Veronica Bond de seis años y su hermana Vivian con 8 años entonces, se escapaban todos los días al velero abandonado de su padre en El Paso, Texas, para jugar a piratas. “Fue directamente después del divorcio de mis padres y los juegos de piratas fueron muy dramáticos”, dice Bond. Los juegos terminaron cuando la madre de Bond se llevó a las dos chicas a su país de procedencia, Alemania. Bond pasó los siguientes 10 años de su vida en el Sur de la Selva Negra. Después se mudó a Múnich para asistir a la Academia de Bellas Artes. También trabajó en la sección de trajes de la Ópera del Estado. Después, Bond se marchó a París para estudiar diseño de moda. Un día, y después de unas copas de champán, reunió todo su valor y presentó su cuaderno de bocetos sin habérselo pedido en el Karl Lagerfeld Studio. Una oportunidad que ella aprovechó: Bond fue contratada directamente como asistente. Hace 18 meses que se desplazó a Nueva York, para establecer su propia marca con trajes de noche que resaltan la figura, y trajes pantalón sexys con raya diplomática y abrió una tienda en Sullivan Street. “Mi propia tienda es un excelente espacio para la fantasía”, dice, “no importa la superficie de producción que tengas, el hecho es que todo sea posible, es como jugar...” YOUNG ONES